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25 septiembre, 2026Fertilizantes bajo presión: incertidumbre global vuelve estratégica la producción nacional
México importó fertilizantes por 2,328 millones de dólares en 2024 y Rusia concentró 582 millones de dólares de esas compras, en un mercado expuesto a los precios de la energía, la logística y los conflictos internacionales.
Ahome, Sinaloa. – La volatilidad de los mercados energéticos y la prolongación del conflicto entre Rusia y Ucrania han vuelto a colocar a los fertilizantes como un insumo estratégico para la seguridad de las cadenas agrícolas. El impacto parte de un elemento clave: el amoniaco, materia prima fundamental para la elaboración de fertilizantes nitrogenados, requiere gas natural para su producción, por lo que cualquier variación significativa en los precios energéticos puede trasladarse a los costos de fabricación y, posteriormente, a los productores del campo.
Para México, esta exposición adquiere una dimensión relevante debido a su dependencia del mercado internacional. De acuerdo con Data México, plataforma de la Secretaría de Economía, durante 2024 el país importó fertilizantes por 2,328 millones de dólares, mientras que sus exportaciones alcanzaron 346 millones de dólares, lo que mantiene al país como importador neto de estos insumos. Rusia fue el principal proveedor individual, con ventas por 582 millones de dólares, seguido por Estados Unidos, China, Qatar y Noruega.
En Sinaloa, donde la agricultura representa una de las principales actividades productivas, la disponibilidad oportuna de fertilizantes cobra especial importancia ante la recuperación gradual de las condiciones de agua después de varios años marcados por la sequía. El acceso a insumos suficientes y a precios competitivos será un factor determinante para que los productores puedan aprovechar los próximos ciclos agrícolas y sostener los niveles de producción.
A este escenario se suma el proyecto de una planta de fertilizantes que Proman construye en Topolobampo, Sinaloa. De acuerdo con información institucional de la empresa, la obra contempla una inversión superior a los 1,800 millones de dólares y una capacidad cercana a 800 mil toneladas anuales de producto destinado a la fabricación de fertilizantes.
La instalación fue planteada para cumplir con la legislación mexicana en materia industrial, ambiental y de protección civil, además de incorporar estándares internacionales durante su construcción. Sin embargo, su impacto sobre el mercado nacional dependerá de su entrada efectiva en operación, de la demanda interna, de la infraestructura disponible para movilizar los productos y de las condiciones que prevalezcan en los mercados nacionales e internacionales.
La coyuntura internacional vuelve a mostrar que el abasto de fertilizantes no es únicamente un asunto agrícola. Los precios del gas natural, las cadenas logísticas, las restricciones comerciales, los conflictos geopolíticos y las decisiones de los principales países productores pueden modificar en poco tiempo tanto los costos como la disponibilidad de estos insumos.
Para México, el reto consiste en reducir la vulnerabilidad del campo frente a esas variaciones externas. El desarrollo de capacidad nacional para producir fertilizantes puede convertirse en una pieza estratégica para fortalecer el abasto, disminuir la exposición a interrupciones internacionales y ofrecer mayor certidumbre a productores y cadenas agroalimentarias, particularmente en entidades agrícolas como Sinaloa.





