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30 julio, 2026Crisis de rentabilidad dejaría sin sembrar hasta 300 mil hectáreas en Sinaloa
La Liga de Comunidades Agrarias advierte que el agua ya no es el principal problema; la falta de créditos y los bajos precios frenarán el ciclo otoño-invierno.
Culiacán, Sinaloa.- A pesar de la recuperación histórica en los niveles de almacenamiento de las presas, Sinaloa podría registrar uno de los ciclos agrícolas más reducidos de los últimos años. La superficie sembrada durante el próximo otoño-invierno caería a alrededor de 500 mil hectáreas, dejando sin cultivar cerca de 300 mil hectáreas de las aproximadamente 870 mil disponibles, debido a la falta de rentabilidad, el cierre de las fuentes de financiamiento y la incertidumbre en la comercialización de las cosechas, advirtió el presidente de la Liga de Comunidades Agrarias de Sinaloa, Miguel Ángel López Miranda.
El dirigente campesino señaló que, por primera vez en varios años, el principal obstáculo para producir no será la disponibilidad de agua, sino la falta de condiciones económicas para que los agricultores puedan invertir. Explicó que, aunque existe suficiente volumen en las presas para desarrollar un ciclo agrícola bajo un manejo responsable del recurso, miles de productores han decidido no sembrar porque los costos de producción superan las expectativas de ingresos y los créditos continúan restringidos.
López Miranda explicó que la realidad del campo ha cambiado drásticamente. De las alrededor de 870 mil hectáreas con potencial agrícola en el estado, únicamente las tierras de mayor productividad tendrían posibilidades de establecer cultivos, mientras que las parcelas de mediana y baja calidad permanecerían improductivas al no ofrecer márgenes de ganancia que justifiquen la inversión.
“El agua hoy ya no es el problema principal; el problema es la rentabilidad”, resumió el líder de la Liga, al considerar que la recuperación de las presas representa una oportunidad que podría desaprovecharse si no existen políticas que garanticen precios justos, acceso al financiamiento y certidumbre para la comercialización de las cosechas.
Incluso, reveló que la crisis ha llegado a un punto en el que propietarios de terrenos agrícolas han flexibilizado al máximo las condiciones para rentar sus parcelas. Algunos ofrecen prácticamente sin costo el uso de la tierra o aceptan recibir el pago hasta después de la cosecha; sin embargo, ni esas facilidades han sido suficientes para convencer a los productores.
“Hay tierras que casi las están regalando y, aun así, no encuentran quién quiera sembrarlas, porque el riesgo económico sigue siendo demasiado alto”, expuso.
El dirigente sostuvo que los agricultores analizan cuidadosamente cada inversión y prefieren dejar descansar sus tierras antes que comprometer recursos propios o endeudarse para enfrentar un mercado incierto, donde los precios de los granos continúan sin ofrecer garantías de recuperación de la inversión.
Indicó que otro factor determinante es la falta de financiamiento. Recordó que, tras la desaparición de diversos esquemas de crédito y las dificultades para acceder a préstamos bancarios, muchos productores quedaron prácticamente fuera de la posibilidad de establecer cultivos, especialmente los de menor escala.
A ello se suma, dijo, la incertidumbre comercial que prevalece en el mercado de los granos, donde los productores desconocen cuál será el precio que recibirán al momento de vender sus cosechas, situación que limita cualquier planeación financiera.
López Miranda reconoció que las lluvias registradas durante las últimas semanas y el incremento en los niveles de las presas representan un escenario alentador desde el punto de vista hídrico, luego de varios años marcados por la sequía. No obstante, insistió en que contar con agua suficiente no garantiza por sí mismo una buena temporada agrícola.
Consideró indispensable que los tres órdenes de gobierno impulsen mecanismos que permitan recuperar la rentabilidad del campo mediante esquemas de financiamiento accesibles, programas de comercialización y políticas públicas que otorguen certidumbre a los productores.
De no atenderse esta situación, advirtió, Sinaloa podría enfrentar un ciclo agrícola considerablemente menor al de su capacidad productiva, con efectos no sólo para los agricultores, sino también para las cadenas de suministro, el empleo rural, la actividad económica de las comunidades y la producción nacional de alimentos.
El presidente de la Liga de Comunidades Agrarias concluyó que el reto para el próximo ciclo ya no consiste únicamente en asegurar el agua para los cultivos, sino en crear condiciones económicas que permitan a los productores volver a sembrar con la confianza de que su inversión será rentable y sostenible.





